Ayotzinapa: ONCE AÑOS DE CLAMOR Y RESISTENCIA
Once años han pasado desde aquella noche de horror en Inguala, once años en que 43 jóvenes fueron arrancados de los brazos de sus familias y del corazón del pueblo. Once años en que México carga una herida que no cierra, porque no se trata sólo de 43, se trata de todos y todas las que el poder ha querido borrar con la mentira y la impunidad.
¡ Ayotzinapa no es pasado, es presente ! Porque los padres y las madres siguen caminando con los rostros de sus hijos en alto, como profetas que nos gritan que la vida no se rinde, que la memoria no se no compra ni se vende, sigue existiendo un grito que sale de las entrañas del dolor, ese hoy son los nombres de los 43, que se han vuelto oración, consigna y esperanza. Y ese clamor desenmascara la idolatría de un poder que, bajo el disfraz de democracia, ha sido cómplice de regímenes autoritarios y dictatoriales, que pactan con la muerte mientras el pueblo carga cruces y retratos.
Y quiero decirlo con claridad: no es justo que se criminalice al movimiento. No es justo que llamen violencia al grito de los padre, al llanto de las madres, ala protesta de los jóvenes, pues la verdadera violencia no viene de ellos, sino de impunidad, del silencio cómplice de las instituciones y de un gobierno que por años ha reprimido la voz de los guerrerenses y de los demás estados sumidos en esta guerra que no cesa… lo que el pueblo expresa es la rabia que nace de la injusticia; la violencia es la que se ejerce desde arriba, con armas, con desapariciones y con mentiras.
Once años después, no podemos seguir callando. No podemos normalizar la desaparición, no podemos acostumbrarnos a la impunidad. Hoy, con la fuerza del espíritu, gritamos con los padres y madres: ¡ vivos se los llevaron vivos los queremos !
Que nuestra fe no sea anestesia, sino fuego. Que nuestro cristianismo no sea complicidad, sino denuncia. Que nuestra esperanza no sea resignación, sino camino hace una patria distinta, dónde la memoria sea semilla de justicia y la vida triunfe sobre la muerte.
Ayotzinapa sigue siendo un grito que nos estremece: mientras no aparezcan los 43, México no tendrá paz. Y nosotros, como pueblo creyente, como iglesia del Evangelio de la vida, juramos seguir de pie, acompañado, exigiendo, recordando. Porque el Dios de la vida camina con cada madre, con cada padre, en cada hermano que clama justicia.
Y en su nombre decimos: ¡ Ayotzinapa vive, la lucha sigue !
Escrito por : Hna Adry OSC



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