El Torio es un mineral radioactivo que se utiliza como combustible para algunos reactores nucleares. Su uso todavía está en fase de experimentación en China, India, Estados Unidos, Rusia y algunos países de Europa que buscan alternativas al uranio, plutonio, hidrógeno y otros materiales utilizados en la industria atómica y nuclear.
El Torio existe en El Salvador. Según estudios recientes de Dina Larios, geóloga salvadoreña que trabaja en la Universidad de Ohio, Estados Unidos, este mineral se encuentra en pequeñas cantidades en zonas volcánicas y en vetas de metales preciosos ubicadas en la zona norte del país. Y el gobierno de Nayib Bukele quiere extraerlo junto con el oro.
El mencionado interés gubernamental por la explotación del Torio se confirma con la suscripción de un convenio con Thorium Energy Alliance (TEA), una empresa estadounidense dedicada a investigar y promover el uso del mineral radioactivo en ámbitos como la generación de energía nuclear y la industria espacial.

Dicho convenio fue firmado en marzo de 2024 por Daniel Álvarez, presidente de CEL y titular de la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas (DGEHM), y John Kutsch, director ejecutivo de TEA. Según el oficialista Diario El Salvador, el convenio “está en sintonía con los planes gubernamentales de generación de energía nuclear”.
Por tanto, es posible que la Ley de Energía Nuclear, aprobada en octubre del mismo año, sea para extraer Torio; y por eso el gobierno necesitó también revertir la prohibición de la minería metálica. Además, se creó una nueva ley para la DGEHM y se reformó la Ley de Electricidad, para reforzar el marco legal de la explotación de minerales radioactivos.
En declaraciones publicadas por Diario El Mundo, el representante de TEA afirmó que El Salvador (con el uso de Torio para producir energía nuclear) podría llegar a ser el “Dubai de América Central”; aunque advirtió que nuestro país aún debe superar algunos “obstáculos sociales, políticos, legales y técnicos” para impulsar su proyecto nuclear.
En febrero de este año, el gobierno salvadoreño también suscribió un acuerdo sobre energía nuclear con la administración de Donald Trump. El contenido de este convenio no es público, pero -si incluyera cláusulas sobre extracción minera- podría servir de marco intergubernamental para viabilizar el acuerdo con TAE sobre el Torio.
“Estamos ansiosos por ampliar la cooperación nuclear civil con otros socios del hemisferio occidental”, declaró Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, en el acto de firma del acuerdo, durante su visita al país. El referido convenio fue suscrito también por la ministra de Relaciones Exteriores salvadoreña, Alexandra Hill.
La posible extracción de Torio aumenta la amenaza de la minería metálica en el país, ya que no sólo existe el riesgo de graves desastres ambientales por la explotación de oro y otros metales preciosos; sino que también se corren los peligros que representa el manejo de materiales radioactivos en un territorio tan y pequeño y sobrepoblado.
La preocupación es mayor con el hecho de que -como se dijo antes- el Torio es un mineral que todavía está en proceso de investigación y experimentación. Por tanto, no aún no se tiene certeza de los riesgos e impactos que generan sus procesos de radiación en los ecosistemas y en la población, que podría ver afectada su salud y amenazada su vida.
Por tanto, se debe mantener la incidencia contra la reactivación de proyectos mineros y exigir la derogación de la Ley General de Minería Metálica aprobada en forma exprés, sin estudios técnicos y contra la opinión mayoritaria de la población. Urge poner al país a salvo de la minería y de peligrosos experimentos nucleares con materiales radiactivos.
Por eso es oportuno el llamado del Cardenal Gregorio Rosa Chávez, a revertir la nueva ley minera. El jerarca católico reiteró la semana pasada la petición de derogar dicha normativa. Su llamado debe incentivar la lucha ambiental y poner al país en alerta frente a las intenciones extractivas que amenazan el agua, la salud y la vida de las presentes y futuras generaciones.
Por Leonel Herrera
*Periodista y activista ambiental.



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