MONSEÑOR ROMERO, SÍMBOLO DE LA JUSTICIA SOCIAL
Oscar Arnulfo Romero, nacido en agosto de 1917 en Ciudad Barrios, San Miguel en el seno de una familia humilde en el oriente de El Salvador, fue ordenado sacerdote en Roma el 4 de abril de 1942 y en agosto de 1943 regresó a su país natal, donde lo nombraron párroco.
Después de ocupar importantes cargos, en 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI, iniciando su defensa de los derechos humanos en medio de una naciente guerra civil, denunciando y condenando los ataques contra la Iglesia y los salvadoreños.
Esto lo hizo blanco de una campaña en su contra por parte de los sectores poderosos del país, del gobierno y organizaciones político militares. Fue calumniado, insultado y amenazado. Varios de sus amigos sacerdotes fueron asesinados.
El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba Misa, un francotirador cegó la vida de Monseñor Romero. La noche anterior a su muerte había hecho un llamado al ejército y la Guardia Nacional, expresando que ante una orden de matar, que es dada por un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice ‘¡No matar !’. “Por tanto, en nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo sufrido, cuyos lamentos suben al cielo cada día más tumultuosos, ¡os ruego, os suplico, les ordenó! En nombre de Dios: ‘¡Cese la represión!’”, dijo.
Fue canonizado en 2018 por el Papa Francisco, quien reconociendo su martirio lo había beatificado en febrero de 2015.
Para el Padre Hugo Medellín, vicario de Nuestra Señora de Guadalupe en Charlotte, “el tiempo de Óscar Romero fue un tiempo muy difícil”, por la violencia desatada debido a conflictos socioeconómicos. “Y dentro de tanta violencia salió una voz profética que imploraba la paz, buscaba la concordia y denunciaba la injusticia”.
De Óscar Romero, señala, se esperaba que “dirigiera una Iglesia que no interfiriera con la política de su país”, pero él no se contuvo en expresar la verdad. “Óscar Romero, fue ‘la voz de los sin voz’. Por eso, en momentos de mayor dificultad, cuando tratamos de ser solidarios con los pobres y fieles a la doctrina social de la Iglesia podemos siempre ir a nuestros ejemplos de fe. Podemos ofrecer nuestros esfuerzos por aliviar los muchos males que agobian a los pobres, pidiendo a Dios que esta sea una ofrenda digna a su presencia. Y pedir a San Romero de América, como la tradición de dos mil años nos lo enseña, San Óscar Romero, Mártir de la Justicia Social, ruega por nosotros”.
Moisés Cisneros, católico salvadoreño residente en Charlotte, recuerda los tiempos de convulsión social que vivió en su país natal cuando era un niño de 14 años. “Íbamos a la iglesia con miedo pues habían asesinado catequistas, y mi papá lo era. Sentíamos el ‘calorcito’ de la voz de Monseñor Romero, que era una voz de esperanza que resonaba en los momentos tan graves y dolorosos que estábamos viviendo”.
Pero el día que lo asesinaron, refiere, “fue un golpe muy grande, porque la voz que sonaba fuerte y nos defendía estaba desapareciendo”.
“Nosotros contábamos con muy poco, y entre las pocas cosas teníamos una radio pequeña. Mi papá, después del asesinato de Monseñor Romero, no prendió la radio por un mes en señal de duelo”.
Inspirado por Monseñor Romero, Moisés Cisneros es hoy activista por los derechos de los inmigrantes más débiles y desprotegidos, además de un activo colaborador de su parroquia local, San John Neumann, donde dirige el coro hispano.



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