SER TEÓLOGOS DEL PUEBLO ES HACER TEOLOGÍA DESDE LA VIDA REAL
Ser teólogos del pueblo es hacer teología desde la vida real, no desde el poder ni desde el escritorio.
Es leer el Evangelio junto al pueblo, reconocer su fe sencilla y su lucha diaria como lugar donde Dios actúa.
El pueblo no es objeto; es sujeto creyente e histórico.
Si nuestra palabra no libera ni acompaña, no es teología del pueblo.



