Quizás hoy Jesús también aventaría los ambones desde dónde se le predica. No por desprecio a su palabra, sino por amor a su verdad. Porque desde muchos de esos púlpitos ya no se anuncia el Reino de Dios, sino la comodidad de los poderosos , la pasividad de los fieles y el silencio ante la injusticia. Jesús no toleraría un Evangelio domesticado, reducido a moralismos, ni un Dios usado para legitimar sistemas que oprimen.
Un Jesús que no incomoda al poder, que no denuncia las estructuras de pecado, que bendice gobiernos de muerte y guarda silencio ante el sufrimiento del pueblo es un Jesús falso: el ídolo del sistema. Cuando la religión se vuelve funcional al orden que esclaviza, ha dejado de ser profecía para convertirse en propaganda.
Dios no habita en la región que se arrodilla ante el dinero, ni en los templos que callan ante el dolor de los crucificados de hoy. JESÚS estaría en las calles, junto a quienes siguen siendo marginados derribando los ambones desde dónde su mensaje se ha usado para callar la verdad. Porque el Evangelio no se acomoda: LIBERA.
Escrito por: Evangelio de hoy/ TL



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