A Monseñor Romero, era evidente que lo habían asesinado por su compromiso con los pobres, a partir de la fe. Una fe que actúa por medio del amor (Gal 5, 6). Lo habían asesinado mientras celebraba la Eucaristía. Era el 24 de marzo de 1980. En Roma, se pudo constatar con sorpresa que se daba una interpretación negativa al martirio de Monseñor Romero, fruto claro de los prejuicios de la curia romana hacia la iglesia de América Latina.
Ocho años después Monseñor Pedro Casaldáliga, obispo de la Prelatura de Sao Félix do Araguaia Brasil, cuenta como en su diálogo con la Congregación para la Doctrina de la fe con motivo de su visita Ad Limina en 1988, le fue formulada – entre otras- la siguiente pregunta por parte del Cardenal Ratzinger: ” ustedes fácilmente llaman mártires a Monseñor Romero, a Camilo Torres, a …Es bueno recordar a ciertos personajes que se dedicaron a un pueblo, pero llamarles mártires!”
La respuesta de Monseñor Casaldáliga fue : “Nosotros sabemos distinguir entre los mártires ” canónicos ” oficialmente reconocidos por la iglesia y esos otros muchos mártires que llamamos mártires del Reino, que dieron su vida por la justicia, por la liberación; cristianos muchos de ellos, y que murieron también explicitamente por causa del Evangelio. Si, yo escribí un poema a San Romero de América. Así lo considero, Santo, Mártir nuestro”.
Escrito por : Fray Camilo Maccise, OCD



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