Su martirio fue su ordenación sacerdotal
46° Aniversario – 25 de julio de 1980 / 25 de julio de 2026
El patio de la ermita se volvió altar
El 25 de julio de 1980, en el patio de la ermita en construcción del cantón Platanares, poblado de Suchitoto, la sangre de un seminarista regó la tierra y la consagró.
José Ohtmaro Cáceres Arévalo no recibió la imposición de manos de un obispo. La recibió de la Guardia Nacional. Y así, entre ladrillos y polvo, su martirio fue su ordenación sacerdotal.
Ese día estaba verificando los trabajos de la ermita junto a doce laicos comprometidos con un Evangelio encarnado y liberador. Hombres y mujeres que habían decidido leer la Biblia con los pies descalzos, del lado de los pobres, frente a las estructuras de pecado.
Llegaron los guardias. Para ellos, construir una ermita era construir conciencia. Y la conciencia, en ese tiempo, se pagaba con la vida.
Origen y camino formativo
José Ohtmaro nació del pueblo, hijo de tierra y fe. Su vocación no nació en un escritorio, nació viendo a su gente.
Su camino de formación fue este:
- Seminario Menor Pío XII, San Vicente: Ahí descubrió el latín, pero sobre todo descubrió el rostro de Cristo en los campesinos que llegaban a misa.
- Seminario Mayor San José de la Montaña: Siguió estudiando Filosofía y Teología, pero ya no podía separar el Evangelio de la realidad de El Salvador.
- Preparación teológica en Jalisco, México: Antes de su martirio viajó para profundizar sus estudios. Regresó con más libros y con el mismo corazón: uno que ardía por una Iglesia pobre y para los pobres.
No volvió para graduarse. Volvió para servir. Y el servicio le costó todo.

Estudiaba la Palabra cuando lo mataron
No lo encontraron con un arma. Lo encontraron con planos, con catecismo, con las manos raspadas de mezclar cemento.
Estudiaba la Palabra de Dios y la ponía a trabajar. Por eso lo mataron. Porque ese Evangelio liberador les recordaba a los poderosos que Dios tiene preferencia por los últimos.
Junto a él cayeron doce laicos. Doce nombres que la historia oficial intentó borrar, pero que la memoria del pueblo sigue rezando en voz baja. Delegados de la Palabra, catequistas, jóvenes. Murieron porque creyeron que la Iglesia debía estar en el cantón, no solo en la ciudad.

46 años después
Hoy el cantón Platanares sigue ahí. La ermita que no pudieron terminar los guardias, la terminó el pueblo con el tiempo. Cada 25 de julio se celebra ahí la Eucaristía. No hay obispo que imponga las manos, pero hay pueblo que recuerda.
José Ohtmaro no fue canonizado en Roma. Fue canonizado en Suchitoto. En la gente que dice: “él nos enseñó que ser cristiano era estar”.
Su martirio fue su ordenación. Y su ordenación sigue dando fruto cada vez que un joven decide estudiar para servir, no para mandar. Cada vez que una comunidad se organiza para construir, no para destruir.
Oración
Señor, que el testimonio de José Ohtmaro y los doce mártires de Platanares nos recuerde que la Iglesia nace en los patios, en las obras, en los pobres. Danos pastores con las manos callosas y el corazón evangélico. Amén.
Escrito por Nancy Corpeño / para sentirconelpueblo.com



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