LA CRUZ. SIMBOLO DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como Dios los ha llamado a una sola esperanza.”
Efesios 4:4
La cruz de Jesucristo es el símbolo que afirma que la presencia de Dios en la tierra es el enigma expandido en cada rostro, comunicando la real presencia de Jesús en cada cristiano.
La cruz es el símbolo del derecho de promulgar el amor del reino de Dios en la tierra, proclamando que hay una diferencia entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los seres humanos.
Jesús anunció que la justicia de Dios en la cruz instauró que las circunstancias pueden cambiar el orden establecido de las cosas, tal como lo estableció el significado de la cruz, que, siendo una pieza como un instrumento de tortura y muerte, se transformó en el símbolo de la liberación universal por la fé de los cristianos y la vida eterna.
La cruz es subversiva y ese concepto nos desafía. Es en la cruz donde nuestros pecados son señalados y es por ella que podemos denunciar lo que no responde a la justicia y mandamientos de Dios.
Como cristianos debemos sentirnos desafiados al ver la cruz. Debemos sentirnos tocados por la gracia para transformar al pueblo de Dios en sus contextos, ideologías, formas de pensar, hábitos deshonestos e injustos, soberbias, desigualdades sociales, sexuales y étnicas que no representan los mandatos del reino de Dios y solo favorecen al egoísmo humano cruel y malvado.
La ley de Dios y su justicia es paradójica con la naturaleza humana que, siendo seres a imagen y semejanza de él, somos al mismo tiempo diferentes. De esta manera eso nos desafía en nuestras doctrinas eclesiales, que siendo diferentes nos reconozcamos como iguales.
Los cristianos, con la cruz como símbolo, representamos a la libertad, a la fuerza, a la justicia, a la igualdad, a la unidad, a la vida y al bienestar común.
La cruz nos recuerda que la iglesia es la sinergia con Dios. Su acción es verdadera cuando en la vida de la iglesia se manifiesta como el buen samaritano, ayudando y albergando al más necesitado. Si la iglesia misma es instrumento de silencio, egoísmo e indiferencia, hace la complicidad ante las leyes injustas de los hombres y no cumple su función encomendada para del reino de Dios. Nuestro trabajo como iglesia es la sinergia constante del reino en cada espacio, en cada territorio, en cada templo, desafiando el reino de los hombres que no permite trabajar por lo bueno, por el bien común y por el bien de toda la creación de Dios.
No basta rezar, aunque la oración nos trae paz y fortaleza, debemos actuar constantemente.
Nada es sencillo, la lucha de denunciar lo malo y anunciar lo bueno no siempre es bien recibido a oídos de muchos. La iglesia sin embargo debe de ser integra, firme, neutral, pacifista. Imparcial y posicionada de su realidad.
El contexto social en el que vivimos nos muestra que hay una sed de encontrar la verdad de Dios. Hay una confusión y operación entre lo que es de Dios y lo que está oculto con el nombre de Dios. La sinergia entre la ley de Dios y la iglesia es un eje al cual le llamamos obras, obras que proclaman la verdad través de ellas. La iglesia es también publica y es también el celular de nuestro activismo para ser lo que debemos ser como iglesia, anunciando y denunciando, orando y actuando, alabando y transformando, andando de la mano con Dios y con el pueblo salvadoreño a través de los tiempos.
Si la cruz es subversiva, quiere decir que somos una iglesia subversiva, que, si denunciamos con fuerte voz los pecados del pueblo y promovemos el llamado a cumplir las leyes y mandamientos de Dios, estaremos respondiendo a lo que un cristiano debe hacer, ser capaces de proclamar y provocar transformaciones.
De esta manera también, la cruz es un símbolo de igualdad, seguridad y respeto entre hermanos(as).
Tenemos derecho a decir, a denunciar, a hablar, a pensar, a exigir, a respetar y a recibir respeto. La cruz no es muda ni silenciosa, la cruz es palabra, grito, promulgación, denuncia. Por lo tanto, ella misma nos recuerda que el silencio no es opción cuando se trata de proclamar la solidaridad, la justicia, el amor, y la unidad como buenos samaritanos en el nombre de Dios. ¡Amén!
Escrito por: Casa Comunitaria Apostólica, Obispos Abelina y Medardo Gómez.
Rev. Arisbe Gómez.



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