Si estuviera vivo ahora, Monseñor Óscar Arnulfo Romero denunciaría con firmeza y desición la destrucción de la Finca El Espino, que realiza el gobierno para construir el nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), y calificaría está agresión contra la creación de Dios como un acto de idolatría al dinero y un atentado al bienestar de las familias salvadoreñas, basándonos en su magisterio pastoral de una ” Opción Preferencial por los Pobres “.
Fiel a su mensaje de pastor, San Romero nos recordaría que un desarrollo que destruye la creación de Dios y desplaza la fauna no es verdadero progreso. Cuestionaría con severidad el uso de maquinaria para talar árboles en una de las últimas reservas forestales de San Salvador, advirtiendo que ” el desarrollo que deja desiertos no viene de Dios “.
Monseñor Romero respaldaría decididamente los movimientos ciudadanos y las campañas juveniles que piden un alto a la Destrucción ambiental y protección a la flora y fauna. Vería un signo de esperanza y un cumplimiento del deber Cristiano de proteger la ” Casa Común “.
Asimismo, Denunciaría que sacrificar este pulmón e importante zona de recarga acuifera para dar paso al concreto de las nuevas instalaciones del CIFCO o desarrollos urbanísticos prioriza el lucro por encima de la vida humana. Diría que privar de agua, aire fresco sin contaminación y atentar contra la vida silvestre para favorecer intereses económicos es una grave injusticia social.
Aunque su voz resonó principalmente contra la represión, el respeto a los derechos humanos y la injusticia social, su visión profética anticipó la crisis ecológica que hoy atraviesa El Salvador.
Escrito por : Alberto Colorado



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