Para Monseñor Óscar Arnulfo Romero, ” los crucificados ” no eran figuras estáticas de historias bíblicas, sino el rostro vivo de Jesucristo reflejado en el pueblo salvadoreño que vivía su propio calvario de pobreza, miseria, opresión, represión, violencia e injusticia en vísperas de la guerra civil en El Salvador.
Monseñor Romero, el Santo de los pobres de América Latina adoptó la categoría teológica del ” pueblo crucificado “, concepto profundizado por el teólogo jesuita Jon Sobrino. Para él, la pasión de Cristo se prolongaba en el sufrimiento de los campesinos asesinados, desaparecidos y los pobres humillados por las estructuras de poder generadoras de pecado.
En sus homilías, Monseñor Romero enfatizaba que mirar a Cristo crucificado en la cruz obligaba a reconocer a ese mismo Cristo en ” nuestro pueblo “, al igual que Cristo, el pueblo buscaba ” sacudir sus cruces y liberarse de los clavos y azotes de la represión.
San Óscar Romero vivió su propio proceso de “crucificción social” antes de su asesinato el 24 de marzo de 1980, enfrentando persecución, amenazas, calumnias, repudio y difamación hasta de miembros de la jerarquía eclesiástica, sectores políticos y del poder económico del país.
Escrito por : Ramón Bracamonte



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