El evangelio del saqueo a los feligreses
No es Evangelio. Es un negocio vestido de religión.
Hay templos donde Cristo ha sido desplazado por el dinero. El altar ha sido convertido en caja registradora; el púlpito, en plataforma para recaudar; y los fieles, en fuente de ingresos.
Se predica la prosperidad mientras el pueblo sigue hundido en la pobreza. Se promete el cielo a cambio de ofrendas y se manipula la conciencia de los más humildes con el miedo, la culpa y falsas promesas de milagros.
¡Basta de mercaderes de la fe! Quien hace del Evangelio un negocio traiciona a Jesucristo. Quien se enriquece explotando la esperanza de los pobres no es servidor del Reino, sino administrador de un sistema de explotación religiosa.
Jesús no pidió dinero para sanar, ni cobró por anunciar el Reino. Expulsó a los comerciantes del Templo porque la casa de su Padre no podía convertirse en un mercado.
La Iglesia debe rendir cuentas con absoluta transparencia. Cada ofrenda pertenece al pueblo de Dios y debe estar al servicio de los pobres, de la misión y de la justicia, nunca del lujo, el poder o el enriquecimiento personal.
El Reino de Dios no está en venta. La gracia no tiene precio. La salvación no se compra. Y el Evangelio no puede convertirse en una empresa que vive del saqueo espiritual y económico de los creyentes.
Es hora de una Iglesia pobre, libre y profética, que camine junto al pueblo y denuncie toda forma de explotación, incluso cuando se cometa en nombre de Dios.
Escrito por : Pbro. Douglas Calderón Morillas / Iglesia Cristina Apostólica Católica / ICAC. Perú



No Comment! Be the first one.