«La fe que mueve lo imposible»
En Mateo 17,14-20 encontramos a un padre desesperado que se acerca a Jesús porque su hijo sufre y los discípulos no han podido ayudarlo. Jesús no permanece indiferente ante ese dolor. Se acerca al sufrimiento humano y actúa.
La respuesta de Jesús nos lleva al corazón del Evangelio: la fe. Pero la fe de la que habla Jesús no es una simple creencia religiosa ni repetir palabras piadosas. Es una confianza profunda que nos pone en movimiento.
El grano de mostaza es pequeño, casi insignificante. Jesús nos enseña que Dios puede comenzar grandes transformaciones a partir de algo pequeño: una persona que decide levantarse, una comunidad que vuelve a caminar, una palabra que devuelve esperanza, una mano que ayuda al que está caído.
Los discípulos habían intentado expulsar el mal, pero no pudieron. Jesús les muestra que no basta con tener autoridad religiosa; hace falta una fe comprometida con la vida.
La pregunta que este Evangelio nos hace hoy es fuerte:
¿Qué montañas estamos permitiendo que permanezcan delante de nosotros?
La montaña de la indiferencia.
La montaña de la pobreza.
La montaña de la injusticia.
La montaña del abandono.
La montaña de una Iglesia que puede hablar mucho de Dios, pero escuchar poco el grito de su pueblo.
La fe auténtica no nos aleja del mundo. Nos mete en él. Nos hace caminar junto al que sufre y trabajar para que aquello que parece imposible comience a cambiar.
Hnos de ANAWIM EMAUS:
Como comunidad cristiana, no podemos decir solamente: «Tenemos fe». Debemos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo con esa fe?
Una fe que no se convierte en solidaridad puede quedarse en palabras. Una fe que no defiende la dignidad de los pobres puede convertirse en religión vacía. Una fe que no escucha al que sufre pierde el corazón del Evangelio.
Jesús nos invita a creer, pero también a actuar.
Que nuestra fe sea pequeña como un grano de mostaza, pero firme para mover las montañas que impiden que nuestros hermanos vivan con dignidad, justicia y esperanza.
:
Señor Jesús, aumenta nuestra fe.
Danos una fe que no tenga miedo,
una fe que camine con los pobres,
que abrace al que sufre,
que denuncie la injusticia
y que construya esperanza.
Que podamos mover las montañas
que hoy oprimen a tu pueblo.
Amén.



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