REFLEXION. OPTAR POR LOS POBRES ES OPTAR POR LA SANTIDAD
Hablar de santidad no debería llevarnos solamente a pensar en personas que rezan mucho, que cumplen normas religiosas o que viven apartadas del mundo. La santidad cristiana se juega en la manera como miramos, amamos y defendemos la vida de los más vulnerables. Optar por los pobres no es una moda teológica. Es una exigencia del Evangelio. Jesús no construyó su misión desde los palacios, desde los centros de poder ni desde los privilegios religiosos. Caminó con los enfermos, los excluidos, los pecadores, las mujeres marginadas, los pobres y aquellos que la sociedad consideraba insignificantes. Por eso dijo: “Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me recibieron.”Dar una limosna puede aliviar una necesidad inmediata. Pero la santidad pregunta también por qué existe esa pobreza.
(Mateo 25,35) Y después pronunció una afirmación estremecedora: “Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron.”
(Mateo 25,40) 1. El pobre no es un objeto de caridad Una Iglesia puede repartir alimentos y, al mismo tiempo, permanecer indiferente ante las estructuras que producen pobreza. La opción por los pobres no significa solamente “ayudar al pobre”. Significa ponerse de su lado, escuchar su voz, reconocer su dignidad y trabajar para que deje de existir aquello que lo mantiene en la pobreza. 2. La santidad incomoda al poder Una santidad que nunca incomoda a nadie debería hacernos pensar. Jesús fue santo, pero también fue incómodo, Su santidad cuestionó el poder religioso cuando la religión se convirtió en carga para el pueblo. Cuestionó las riquezas cuando estas ocuparon el lugar de Dios, Cuestionó la indiferencia ante el sufrimiento. La santidad de Jesús no fue neutral frente al dolor humano. Optar por los pobres es abandonar el individualismo La santidad no es escapar del mundo; es transformar el mundo desde el amor.Por eso Santiago pregunta: “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: ‘Vayan en paz, abríguense y coman’, pero no les da lo necesario, ¿de qué sirve?”
(Santiago 2,15-16) Una fe que no se convierte en solidaridad termina siendo solamente discurso. Una pregunta para nuestra COMUNIDAD ANAWIM EMAUS
No basta preguntarnos:
“¿Cuánto rezamos?”
También tenemos que preguntarnos:
“¿A quién estamos defendiendo?”
No basta:
“¿Cuántas personas vienen a nuestras celebraciones?”
Hay que preguntar:
“¿Cuántas vidas estamos ayudando a recuperar?”
No basta:
“¿Qué doctrina predicamos?”
Tenemos que preguntarnos:
“¿Nuestro Evangelio está produciendo más vida, más justicia, más fraternidad y más dignidad?”
Porque Jesús fue muy claro:
“Por sus frutos los conocerán.”
PRESBITERO. DOUGLAS CALDERON MORILLAS. IGLESIA CRISTIANA APOSTOLICA CATOLICA. COMUNIDAD ANAWIM EMAUS INTERNACIONAL



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