“Una voz no se apaga cuando se vuelve pueblo ”San Salvador. El 15 de agosto El Salvador volvió a encender la llama que no muere: la memoria de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. A 109 años de su natalicio en Ciudad Barrios, el país no solo recordó una fecha en el calendario. Recordó a un pastor que eligió pararse del lado de los que no tienen voz. Porque Romero no es santo de vitrinas. Es el Santo de calle, de hospital, de comunidad.
El “Santo de los Pobres” cuya vida sigue siendo evangelio encarnado. De la Capilla Martirial a todo el país: memoria que se vuelve pan. Las conmemoraciones iniciaron donde terminó su vida terrenal y comenzó su profecía: en la Capilla Martirial Divina Providencia. Allí, con una solemne Eucaristía, la comunidad celebró la vida del mártir. Pero la misa no se quedó en el altar. El Comité Nacional Monseñor Romero, que cada año organiza este homenaje, convocó también a una campaña de recolección de alimentos y medicinas para enfermos de cáncer. Pan y medicina para los cuerpos, palabra y esperanza para el alma. Exactamente como Romero lo habría hecho: fe que se traduce en obras.

Pensar a Romero hoy: el Congreso Romeriano en la UCA En la UCA, cuna del pensamiento crítico salvadoreño, se llevó a cabo el primer Congreso Romeriano. El objetivo fue claro: actualizar la Teología de la Liberación y la dimensión del pensamiento de Romero.Y es que la Teología de la Liberación no es un libro viejo. Es el grito de Dios en los pobres de hoy. Es leer el evangelio con los ojos de la campesina de Morazán, del joven sin empleo, de la madre que cuida a un enfermo de cáncer. El Congreso puso a Romero en diálogo con los desafíos actuales: la migración, la desigualdad, la defensa de la vida y la tierra. Porque un Romero anclado solo en 1980, se vuelve estatua. Un Romero en diálogo con 2026, se vuelve camino.De la Cripta a El Paisnal, de Morazán al corazónEn la Cripta de la Catedral Metropolitana, la comunidad Monseñor Romero elevó oraciones y cantos. Recordaron al obispo que predicaba los domingos y que denunció en cada homilía la injusticia contra el pueblo.Más allá de la capital, el pueblo también celebró. En El Paisnal, en la periferia norte de San Salvador, hubo vigilias y actos religiosos. Y en el oriente, en el departamento de Morazán, las Comunidades Cristianas de Base se reunieron como hace 40 años: en casas, bajo árboles, con la Biblia en una mano y la realidad del pueblo en la otra. Rindiendo homenaje al pastor que les enseñó que Dios está primero con los crucificados de la historia.¿Qué nos dice Romero 109 años después?La Teología de la Liberación nos recuerda algo que Romero vivió hasta el martirio: Dios tiene una opción preferencial por los pobres.


No porque Dios no ame a los ricos, sino porque los pobres son los que más sufren la injusticia.Conmemorar a Romero es entonces preguntarnos: ¿Dónde están hoy los “pobres” por los que Romero alzaría la voz?¿Nuestra fe se queda en el templo o baja a repartir alimentos, medicina y dignidad?¿Tenemos el valor de ser una Iglesia que incomoda al poder cuando el poder oprime?109 años después de su nacimiento, Romero sigue naciendo cada vez que una comunidad decide organizarse, cada vez que alguien comparte su pan, cada vez que la Iglesia decide ponerse del lado de la vida.Porque como él dijo: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Y El Salvador, este 15 de agosto, volvió a demostrar que sí resucitó.

Escrito por Nancy Corpeño / para sentirconelpueblo.com





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