No están solas
Porque cada lágrima derramada por una madre que lucha ha sido recogida por Dios como una oración sagrada. Cada nombre pronunciado en una marcha, cada fotografía levantada al cielo, cada vela encendida en la noche, es liturgia viva, es evangelio escrito con dolor y esperanza.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero no habló desde la comodidad del altar distante, sino desde el altar herido del pueblo. Allí comprendió que la misa verdadera también se celebra en la calle, cuando una madre exige justicia; en el hospital, cuando una mujer vela a su hijo enfermo; en la cárcel, cuando una madre visita al hijo olvidado; en el campo, cuando una campesina siembra pan con manos cansadas.

Las madres de lucha son sacramento de resistencia.
Ellas sostienen la memoria cuando todos quieren olvidar.
Ellas pronuncian los nombres que el poder quiere borrar.
Ellas lavan con lágrimas la indiferencia de los poderosos.
Ellas enseñan que amar también es confrontar.
Una madre pobre que defiende a su hijo no hace política barata:
hace teología de la vida.
Porque defender la vida del pobre es defender el cuerpo de Cristo.
Negar pan al hambriento es negar la Eucaristía.
Cerrar los ojos ante la injusticia es traicionar la cruz.

Romero lo sabía.
Por eso su palabra ardía.
Por eso su homilía incomodaba.
Por eso su sangre fue derramada sobre el altar.
Lo mataron por decir la verdad.
Lo mataron por ponerse del lado de las madres.
Lo mataron porque el Evangelio, cuando se toma en serio, molesta.
Pero no pudieron matar su voz.
Esa voz sigue en cada madre que grita:
“¡Mi hijo no es un número!”
“¡Mi hija no será olvidada!”
“¡Mi pueblo merece dignidad!”
Y también sigue en comunidades como Anawim Emaús, donde la fe no se adorna: se vive, se comparte, se defiende.
Porque seguir a Jesús no es repetir oraciones vacías.
Es cargar la cruz del pueblo.
Es sentarse a la mesa con los descartados.
Es llorar con las madres y levantarse con ellas.
Romero no pertenece al pasado.
Romero es urgente.
Mientras haya hambre, Romero habla.
Mientras haya represión, Romero denuncia.
Mientras haya madres de rodillas buscando justicia, Romero camina a su lado.
Y quizás hoy nos pregunte con la misma fuerza:
¿De qué lado está tu fe?
¿Del lado del templo silencioso?
¿O del lado de las madres que lloran y luchan?
Porque allí,
donde una madre defiende la vida,
allí está Dios.
Escrito por : Pbro. Douglas Calderón Morillas / Iglesia Cristina Apostólica Católica / ICAC. Perú



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