¡QUE LINDA Y BELLA ES MI PATRIA!
¡LA GUANACA IRREDENTA!
I
¡Qué linda y bella es mi patria,
la guanaca irredenta!
hermosa mujer cautiva de un paisaje tropical.
Te veo recostada sobre un volcán radiante,
bajo su falda mística te pierdes
en un santiamén.
Su roja y amarilla nubosidad,
refleja el cielo crecido cada verano.
La idílica costa retumba en la playa,
revestida de espuma blanca.
“Tiene dueño, es propiedad privada”,
lo reveló una nevada nube,
que se anudo al sol.
La pizpireta y sediciosa montaña descansa,
y el callado llano duerme a pierna suelta.
II
¡Qué linda y bella es mi patria
la guanaca irredenta!
Por allí resuena en cada flor el canto del colibrí.
Un áspero gime de escaso porvenir,
un escalofrío, viento travieso y juguetón,
que envolvía un árido espacio.
Olía a pradera el sol rayado,
declamando un desierto veloz,
un espejo cansado.
Encendió la reseca noche,
se mecía alzada una usanza:
el mito y la tradición oral.
A diario un fanfarrón despedaza la memoria a su antojo,
colgó en un quemado horno su matiz de arrugada nube.
Una peluda mano reprimió tronada cultura
embozada en abierta tumba.
III
¡Qué linda y bella es mi patria
la guanaca irredenta!,
Nos surte ricos platillos típicos,
brota la guacalada de chicha
en la piña, el maíz y el coyol.
Naturalmente, refresca el chinchiví,
la enriquecida ensalada,
y sustenta la nutritiva horchata.
Agüita loca de nance, marañón,
maíz, arroz,
fermenta hasta que el tierno entierro lo saca pegador, aullador.
Celebra Navidad y Año Nuevo
con enchichado gallo.
IV
¡Qué linda y bella es mi patria
la guanaca irredenta!
La luna, Selene, coqueta y rellena,
se baña en un claro hilo de luz,
que inunda el sendero,
mientras la rendija hedionda se ilumina un eco de dolor rompe la noche
en el lamento de un romántico ebrio,
un mendigo sin garrote ni voz,
que balbucea tonterías como el eco de un poder que en secreto planeo la decadencia.
Y así nos imponen la ignorancia total,
para beber, en la nación de las pupusas,
dos cucharadas de mierda en cada vaso de agua,
Giramos en la sombra, sin salida,
cazados por la mentira en cada quinquenio.
V
¡Qué linda y bella es mi patria
la guanaca irredenta!
Insensible, el poder deshumaniza.
Aplica un veneno oficial,
una tortura que se convierte en el viacrucis de cada día.
La maquila dobla la espalda del pobre,
de Raimundo y de todo el mundo.
El déspota adormece al vecino ingenuo,
con la flauta del extranjero.
levantó la cobra letal para morder al pie descalzo,
Es un psicópata narcisista, estético,
autoritario, dominador,
que se aprovecha de todo.
Despilfarra el dinero del estado en lujos:
“Surf Cyty”, Miss Universo,
Aeropuertos y carreteras.
Mientras, arrasa el patrimonio tangible del centro histórico,
que ahora es propiedad exclusiva del “Buquelazo” S.A. de C.V
El pueblo Indolente ve cómo cae ejecutado lo que se conquistó en 1992,
Lo traicionó el juramentado
que prometió defender la patria,
mientras una malvada insolencia castiga a los más débiles.
El caos estallo en la carretera de Los Chorros,
y los hospitales se pudren con un rastro de corrosión,
Es un código rojo, sin sanar ni remedio donde la gente se muere sin que nadie los ayude.
Despidió a los médicos expertos,
con un slogan falso y aberrante
“atención con sentido humano”,
Y el pueblo, sin más, se caga en el Lempa
y se limpia en cien lagartos,
dice popular dicho.
VI
¡Qué bello y lindo es mi patria
la guanaca irredenta!,
Un decreto arrima a cientos cesantes
aplanando la calle muda y amarga.
Arriba y abajo, no hay trabajo digno,
solo la desesperación de ver quien
se descuida para sobrevivir,
Un ejército de topeteros, transeros,
lustradores, limpia parabrisas, chivos
y malabarista en la esquina;
sorbeteros, minuteros, fruteras,
tamaleros, dulceras, aguateros,
la cachada, cafeteros, torteros,
fresqueros y pupuseros.
Así nace el emprendedor informal,
el ambulante de la calle,
acorralado y atrapado a garrotazo
por un rabioso cuilio solo por intentar subsistir,
sin una enseñanza con calidad humana,
sin una fuente de oportunidades,
el dictador, impuro y burlón,
absorbe los bienes del pueblo.
El sistema obliga a vender el cuerpo cerca del matadero,
mientras tú vives en tu bola de cristal,
dejando hacer, dejando pasar las injusticias.
Y un emisario impone sus malditas leyes.
VII
Que bella y linda es mi patria
la guanaca irredenta,
desde la invasión hasta hoy,
idiotiza al arrogante guanaco.
Lo incita beber de un paisaje
que no le pertenece,
dejándolo en la cantina,
en el “chupadero”
donde pierde lo que creía ser.
El alcohol lo ahoga, lo vacía,
lo dejó sin nada más que un recuerdo.
Así se pierde la salud que la gente nunca tuvo.
VIII
Qué lindo y bello es mi patria
la guanaca irredenta,
El legal e ilegal burdel abarrota la ciudad,
un lupanar de mala muerte que cayó del cielo,
y que ofrece placer en la calle oscura.
mientras, el carcelero, instruido por ley,
atormenta a la víctima privada de libertad,
y masacra con odio al transgresor
en la vía pública,
a la vista de un pueblo desarmado.
El político de traje “puya-botón”,
sello un pacto de sangre con Satanás,
un saqueador legal por decreto,
un zángano que dicta un régimen impune.
Viola los Derechos Humanos
y el mortal miedo nos encadena la mente
y el corazón,
nos tiene encantados.
¡Despierten de su labia hueca!
La injusta pesadilla viste de azul y blanco,
mientras suena la nota de su infernal himno.
IX
Oloroso negrero de frac,
unifico a la camarilla gabacha.
Asola la bestia de fuego,
maldito poder imperial que explota,
la colectiva subsistencia de las naciones.
Riega miseria y pobreza sobre la vida,
mientras agranda su opulencia,
rabioso sabueso del norte,
armado hasta los dientes.
Escupe un rencor infernal,
Ahogando la angustia y el temido grito
de protesta.
X
Impone un agravado arancel,
eleva el costo de la canasta básica.
Persigue violentamente al obrero mojado,
en una potestad ilegal,
horda de potencias europea:
España, Portugal, Francia,
Inglaterra, Países bajos o Rusia.
Extermina y requisa territorios
del ancestral pueblo originario,
el genuino pueblo estadounidense.
El rabioso invasor de cara pálida
usurpo dicha nación,
decreto tras decreto asalta el poder,
racista que mancilla la piadosa dignidad.
Poeta: Miguel Ángel Barrera Guevara





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