I. INTRODUCCIÓN: El Secuestro de la Palabra
La historia de la humanidad no es otra cosa que la historia del secuestro de la palabra.
Desde los orígenes, las palabras nacieron libres, como expresión vital de la razón natural, esa razón primera, intuitiva y encarnada que nombraba al ente desde su ser. Pero esa inocencia ontológica fue expropiada. Una segunda razón, que llamaremos razón estructural, se erigió sobre ella. Esta razón no es razón para comprender, sino razón para dominar. Y al expropiar las palabras, les dio un nuevo dueño: las organizaciones que ostentan el Poder de la Cultura, la Educación, la Religión, la Política y la Filosofía.
Hoy no hablamos con nuestras palabras. Hablamos con las palabras que el Poder nos instaló. Por eso, la primera tarea de todo pensamiento liberador no es crear nuevas palabras, sino liberar las que ya existen. Desencubrir lo que yace bajo el Poder. Solo entonces habrá praxis de liberación.
II. DESARROLLO: Razón Natural vs. Razón Estructural
Planteamos aquí la distinción fundamental de nuestra filosofía.
a) La razón natural es aquella que nace del encuentro directo entre el sujeto y el ente. Es la razón del campesino que llama tierra a la tierra porque la pisa, la huele y la sufre. Su lenguaje es fiel al ser. La palabra es símbolo vivo.
b) La razón estructural es la razón del sistema. No quiere nombrar el ser, quiere administrarlo. Para ello, expropia la palabra, la vacía de su contenido ontológico y la rellena de ideología. Así, Paz ya no significa ausencia de injusticia, sino orden para los negocios. Libertad ya no significa liberación de los pobres, sino libertad de mercado. Dios ya no significa liberación, sino legitimación del statu quo.
Las cinco estructuras de dominación — Cultura, Educación, Religión, Política y Filosofía — no dominan principalmente con ejércitos, sino con nuevas categorizaciones que justifican el nuevo orden global comandado por la Conciencia Tecnócrata. Controlan el lenguaje, lo algoritmian y controlan la realidad. Han encarcelado las palabras en una gramática ideológica. Es la nueva gramática del opresor.
Desencubrir las palabras que yacen bajo el Poder es, en definitiva, devolverles el verdadero propósito de su existencia entre los entes: representar el verdadero ser que encierra cada ente, cada cosa, cada fenómeno, cada realidad. Es un acto ontológico. Es devolverle a la palabra su fidelidad al ser, como lo pedía Heidegger, pero desde los pobres, como lo exige Dussel y desde lo subterráneo como lo propuso Rodolfo Kush.
III. NÚCLEO: La Semiótica como Herramienta de Liberación
Aquí radica el corazón de nuestra propuesta: si la palabra fue secuestrada, necesitamos una herramienta para su rescate.
Esa herramienta es la semiótica, pero no como una ciencia académica y fría, sino como un saber privilegiado y liberador. La semiótica nos permite leer psicoanalíticamente lo que yace vitalmente en el símbolo, en el signo.
¿Qué significa esto? Que detrás de cada palabra, de cada letra, de cada dibujo, de cada gran obra de arte o de cada gran puesta en escena teatral que llamamos realidad, hay un inconsciente colectivo que ha sido reprimido. El Poder nos hizo olvidar que una palabra es un símbolo vivo que grita.
Leer semióticamente es hacer un psicoanálisis de la cultura. Es preguntarle a la palabra: ¿quién te puso ese significado? ¿a quién le sirve que signifques eso y no aquello? ¿qué ser ocultas?
Este objeto liberador de la palabra, entonces, no es un juego lingüístico. Es una praxis. Porque al liberar la palabra, liberamos al sujeto que la pronuncia. Tal vez estemos planteando, por primera vez, una Filosofía del Lenguaje totalmente fiel al propósito ontológico del sujeto de su investigación: las palabras mismas. No las palabras como instrumentos del Poder, sino las palabras como entes libres.
IV. CONCLUSIÓN: La Espontaneidad de la Gran Obra de Teatro
Llegamos al final y al principio.
Esta gran obra de teatro que llamamos realidad ha sido guionada por otros. Nos dieron el libreto, nos dijeron qué palabras podíamos decir y cuándo decirlas. Nos robaron la espontaneidad.
Nuestra propuesta es incendiar el libreto.
Las palabras deben ser dichas no desde el sistema dominante, sino desde su propia libertad. Deben ser valorizadas y significadas con el presente práctico del instante a vivir. No con la gramática del ayer que nos oprime, sino con la gramática del ahora que nos libera.
Una palabra libre en boca de un pobre es más revolucionaria que mil discursos del Poder. Porque cuando la palabra es libre, la cosa que nombra también se libera.
De eso se trata la Revolución Humana: de liberar las palabras para que, por fin, las cosas y los hombres seamos libres. “Seamos profetas políticos que construyan Paz y Justicia para los más pobres, empezando por liberar las palabras con las que nombramos esa Paz y esa Justicia”.
Escrito por: Rodolfo Altamirano / filósofo y teólogo / para sentirconelpueblo.com



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