NECESITAMOS UNA IGLESIA QUE LEVANTE SU VOZ EN DEFENSA DE LOS POBRES
En este momento difícil que vive El Salvador, es crucial que la Iglesia levante su voz en defensa de los pobres, marginados y oprimidos por las estructuras injustas generadoras de pecado, que golpea la vida de los preferidos de Dios en lo económico, político y social.
La Iglesia tiene la responsabilidad moral de abogar por los más necesitados y promover la justicia social, siguiendo el ejemplo de Jesús. Esto implica denunciar las estructuras injustas que perpetúan la pobreza y trabajar por la transformación social que garantice la dignidad y el bienestar de todos.

La Iglesia salvadoreña debería ser la voz de los que no tienen voz, denunciando las desigualdades y las causas estructurales de la pobreza. Esto implica señalar las estructuras económicas, políticas y sociales que marginan y oprimen a los pobres y perpetúan la injusticia.
La Iglesia debe promover políticas que garanticen el acceso a los derechos básicos, como salud, educación, alimentación, trabajo digno y vivienda, entre otros derechos de una sociedad justa y equitativa.
La Iglesia debe ser un ejemplo de solidaridad y fraternidad viviendo con sencillez y compartiendo con los pobres. Esto implica un compromiso concreto con los más necesitados, através de obras de misericordia y acciones de promoción humana.
La opción preferencial por los pobres, como se ha señalado en documentos del Magisterio de la Iglesia, no es un simple asistencialismo, sino un compromiso ético y espiritual que implica priorizar a los más pobres en todas las acciones y desiciones.
El Papa Francisco hizo un valioso llamado a ser ” una Iglesia pobre para los pobres”. Esto implica una conversión profunda, tanto personal como institucional, que nos lleve a salir de nosotros mismos para encontrarnos con los pobres y comprometernos con su liberación.
La Iglesia tiene un papel crucial que desempeñar en defensa de los pobres.Debe alzar su voz para denunciar las injusticias, promover la justicia social y ser un testimonio de solidaridad y fraternidad. La opción preferencial por los pobres debe guiar todas sus acciones y decisiones, siguiendo EL EJEMPLO DE JESÚS Y DE MONSEÑOR ROMERO AMARON Y SIRVIERON A LOS MÁS POBRES, MARGINADOS Y OPRIMIDOS.
” La Iglesia, pues traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al Evangelio si dejara de ser ” Voz de los que no tienen voz “, defensora de los derechos de los pobres, animadora de todo anhelo justo de liberación, orientadora, potenciadora y humanizadora de toda lucha legítima por conseguir una sociedad más justa”.
(Cuarta Carta Pastoral de Monseñor Romero)



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