TE QUEDASTE ENTRE NOSOTROS
Señor Jesús,
te quedaste entre nosotros.
No elegiste los palacios ni los tronos de los poderosos. Te quedaste en el pan compartido, en la comunidad reunida, en el corazón de los pobres, en el clamor de quienes buscan justicia y dignidad.
Te quedaste entre nosotros cuando la esperanza parecía apagarse.
Te quedaste cuando las lágrimas corrían por los rostros de los olvidados.
Te quedaste en los caminos polvorientos de nuestros pueblos latinoamericanos, caminando junto a quienes luchan por pan, tierra, trabajo, salud, educación y paz.
Te quedaste entre nosotros para recordarnos que Dios no abandona a su pueblo.
Que ninguna injusticia tiene la última palabra.
Que ningún pobre está condenado al olvido.
Que ningún ser humano debe ser tratado como descartable.
Te quedaste en medio de nosotros como fuego que anima, como palabra que denuncia, como amor que transforma.
Nos llamas a abrir los ojos ante el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas.
Nos llamas a construir una sociedad donde la solidaridad sea más fuerte que el egoísmo y donde la fraternidad venza a la indiferencia.
En la Comunidad Anawim Emaús descubrimos que sigues caminando con nosotros.
Te encontramos en el anciano abandonado, en el niño que tiene hambre, en la mujer que lucha por su familia, en la persona con discapacidad que reclama inclusión, en el campesino que trabaja la tierra, en el joven que sueña con un futuro mejor.
Te quedaste entre nosotros para que nunca olvidemos que el Reino de Dios comienza aquí y ahora, cuando compartimos, servimos, perdonamos y amamos.
Por eso no queremos una fe encerrada en los templos.
Queremos una fe que salga al encuentro de la vida.
Una fe que acompañe al que sufre.
Una fe que denuncie la injusticia.
Una fe que anuncie la esperanza.
Una fe que construya puentes y no muros.
Señor Jesús,
quédate siempre entre nosotros.
Quédate en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros barrios y pueblos.
Quédate en el Perú y en toda América Latina.
Quédate en cada corazón herido que necesita consuelo.
Quédate en cada lucha por la dignidad humana.
Y que nosotros también nos quedemos contigo,
para seguir construyendo un mundo más humano, más justo, más fraterno y más lleno de tu amor.
Amén.
Escrito por : Pbro. Douglas Calderón Morillas / Iglesia Cristina Apostólica Católica / ICAC. Perú



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