Sincretismo religioso y mitos de San Alejo
Durante décadas, el relato oficial de la identidad salvadoreña se construyó sobre un binomio: el español y el indígena. En ese guion, la raíz africana fue editada, borrada por decretos de “blanqueamiento” y un silencio institucional que pretendía una nación homogénea. Sin embargo, en el oriente del país, específicamente en San Alejo, La Unión, la memoria se refugió en el lugar más protegido: el altar y el mito.
La investigación “Imaginarios y discursos de la herencia afrodescendiente en San Alejo” (UTEC, 2013), liderada por Marielba Herrera, Heriberto Erquicia y Wolfgang Effenberger, desenterró una verdad que las paredes de la iglesia católica local ya susurraban: San Alejo no solo fue un pueblo de paso, sino un enclave fundamental de la herencia “parda” y negra en El Salvador.
El Señor de los Milagros
En San Alejo, la fe católica no es solo doctrina; es un espejo. El centro de la vida espiritual gira en torno al Señor de los Milagros, un “Cristo Negro” cuya devoción no es casual.
Según la investigación de la Colección #26, la figura del Cristo Moreno funcionó históricamente como un punto de anclaje identitario para las poblaciones esclavizadas y sus descendientes (los mulatos y pardos). Para los investigadores, la pigmentación de la imagen permitía una transferencia de identidad: los devotos no solo veían a una deidad, se veían a sí mismos.
Marielba Herrera, en sus estudios más recientes (como “Huellas de la africanía en El Salvador”), sostiene que estas imágenes no son negras solo por el “humo de las velas” —la explicación clásica del discurso oficial— sino por una intención estética y teológica de representar a los sectores subalternos. En San Alejo, el Cristo es el guardián de un pasado que la historia escrita intentó negar.
La Iglesia como espacio de resistencia y mezcla
El libro destaca que la parroquia de San Alejo fue el escenario donde se gestaron las Cofradías. Aunque estas eran organizaciones católicas bajo estricta vigilancia española, para los afrodescendientes se convirtieron en espacios de autonomía.
El estudio detalla cómo el repique de campanas y las procesiones en San Alejo conservan un ritmo y una mística que, aunque católica en la forma, es comunitaria y festiva en su fondo, evocando las estructuras de organización social africana. La presencia de colores vibrantes y la forma de llevar los santos en hombros en San Alejo difiere de la sobriedad del centro del país, revelando una herencia cultural que sobrevive en la gestualidad del rito.
Entre el cielo y el infierno
Donde termina el dogma de la Iglesia, comienza el terreno del mito, y es aquí donde la Colección #26 brilla al documentar la tradición oral. La religiosidad en San Alejo es porosa; acepta al santo, pero también respeta al espíritu:
- El mandinga: Uno de los hallazgos más fascinantes es la figura del Mandinga. En la tradición colonial, el término “mandinga” designaba a personas de una etnia específica del África Occidental. Con el tiempo, el discurso dominante transformó el nombre de un pueblo en un sinónimo del diablo. Sin embargo, en San Alejo, el mito es más complejo. El Mandinga no es solo el mal; es un ser poderoso, vinculado a la ganadería (actividad principal de los afrodescendientes en la zona) y a la protección de tesoros. Herrera plantea que esta figura es una distorsión colonial de las deidades africanas que terminaron “demonizadas” para alejar a la población de sus raíces originales.
- Juana Pancha: aparece en los relatos como una figura mística, una mujer de ascendencia negra vinculada a cuevas y poderes sobrenaturales. Representa la resistencia de la mujer afro como depositaria de un conocimiento médico y espiritual que la Iglesia Católica tildaba de hechicería, pero que el pueblo buscaba con fervor.
La evolución del discurso (Investigaciones Recientes de Marielba Herrera)
Para esta nota, es vital mencionar que Marielba Herrera ha llevado la investigación más allá de los límites de 2013. En sus publicaciones más recientes (2020-2024), Herrera ha enfatizado dos conceptos clave que actualizan lo hallado en San Alejo:
- Herrera propone que los habitantes de San Alejo no solo “olvidaron” su origen, sino que practicaron un cimarroneaje cultural. Es decir, ocultaron sus prácticas africanas dentro de los rituales católicos para asegurar su supervivencia. La devoción al Señor de los Milagros es la prueba máxima de este camuflaje exitoso.
- La investigadora argumenta que hoy estamos ante un proceso de “etnogénesis” en San Alejo, donde los pobladores están pasando de la “memoria del mito” (creer en el Mandinga) a la “conciencia política” (reconocerse como afrodescendientes ante el Estado).
Un mapa de la sangre
El libro #26 de la UTEC no es solo un texto académico; es un mapa de la sangre que corre por las venas de El Salvador. En San Alejo, la religión católica no logró borrar el África interior; al contrario, le dio una nueva forma de existir.
Cada vez que el Cristo Negro sale a las calles de San Alejo, no solo se celebra un milagro bíblico; se celebra la persistencia de un pueblo que, a pesar de los intentos de invisibilización, sigue encontrando en sus santos y sus mitos la prueba irrefutable de su existencia. También refleja datos de la época, el siglo XVIII, el 70% de la población en zonas ganaderas como San Alejo era mulata o parda. Además, nos guía a ver a San Alejo como un destino histórico y turístico histórico, por ejemplo, la “Cueva del Diablo”.Descargue el libro: “Imaginarios y discursos de la herencia afrodescendiente en San Alejo” chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://repositorio.utec.edu.sv/server/api/core/bitstreams/7333ca36-6772-4fb7-a41c-4023efe7e310/content
Por: Luis Rafael Moreira Flores



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