Mi Cristo roto
Lo contemplo en silencio…
ya no brilla en oro ni en marfil,
sus brazos no alcanzan el cielo,
su rostro está gastado,
su cuerpo herido.
No es el Cristo perfecto de los altares,
es el Cristo de la calle,
del que sufre, del que llora,
del que nadie mira.
Roto está,
como está rota la esperanza de muchos,
como se quiebra la fe en medio del dolor.
Y sin embargo, en esas grietas,
en esos pedazos incompletos,
su amor se hace más humano,
más verdadero.
Porque un Cristo roto
me recuerda que no vine a adorar belleza,
sino a reconocer amor.
Me enseña que Dios no es un ídolo intacto,
sino un corazón partido por mí.
Y entonces, frente a Él,
también descubro mis propias roturas,
mis propios fragmentos.
Y entiendo que solo unidos,
mi herida y su herida,
pueden rehacer la vida.
Escrito por : JPalestina Libre.



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