Si hoy caminara entre nosotros, Jesús de Nazaret andaría por los senderos polvorientos de México, Centroamérica y toda América Latina. Hijo de Don Pepe y Doña María, sería un moreno, de voz firme y mirada compasiva, predicando en las periferias de nuestras ciudades y comunidades olvidadas.
Lo escucharían las y los excluidos: trabajadoras sexuales, feministas de pañuelo verde, personas LBGTIQ+, maras, migrantes, drogodependientes, guerrilleros, luchadores sociales… todos aquellos a quienes el sistema y las religiones institucionalizadas han condenado. Con ellos compartiría el pan y la palabra; con ellos celebraría la vida y la dignidad, porque serían los primeros en entender su mensaje de liberación.
Ese Jesús no predicaría en catedrales ni santuarios de fama mundial. Lo encontraríamos en los antros, en los callejones, en los bordes de la sociedad. Sería tachado, junto con sus discípulos, como un vago, un hippie, un revoltoso. Lo criticarían por juntarse con los ” indeseables” y decir, sin un título de teología, que Dios corre a abrazarlos y besarlos, que los ama sin con diciones, que hace fiesta por su vida.

Subiría a la ” bestia” con los migrantes, escuchando sus sueños rotos y al mismo tiempo que los consuela con esperanza. Sería crítico feroz de los partidos políticos y de los jerarcas religiosos. Haría chistes en los puentes dónde duermen los pandilleros y, alguna vez entraría a un templo solo para volcar las alcancías y denunciar se lucran con lo sagrado.
El Jesús latinoamericano nacería en un barrio marginal, entre el humo y el polvo, dónde viven los desplazados y campesinos que ya no encuentran sentido de sembrar cebollas o ajos que se pudren en la cosecha. Ahí donde las madres solteras trabajan sin descanso, dónde las jóvenes abortan por falta de opciones, donde los sicarios o paramilitares reclutan a los jóvenes, indígenas y pobres; dónde el capitalismo exprime a los desechables.
Caminaría por callejones dónde se mata por unas monedas; se conmovería con las lágrimas de las viudas de la violencia. Compartiría cerveza nocturna con los jornaleros mal pagados y escucharía las historias de las servidoras sexuales, que terminarían siendo anunciadoras de la ternura de Dios.
Su madre sería una campesina o una mujer indígena que camina horas al amanecer buscando sustento y medicina para sus hijos.
Jesús habría crecido sin padre, asesinado o desaparecido por la violencia del narcoestado.
Habría cruzado una y otra vez la frontera como in documentado, deportado y humillado, como tantos hermanos latinoamericanos. Y entre sus apóstoles. ¡ Habría de todo ! Porque en esta tierra de muchos pueblos, lenguas y culturas, el número doce ya no basta. Además le llamarían Juanito, Pancho, Petra, Xochitl, Chole, Luis. Y la gente sencilla lo conocería por su apodo.
Oraría no en los templos, sino en las bancas del parque donde duermen los sin techo. Elevaría su voz contra tra la in justicia y el cinismo de una religión indiferente. Su proyecto, como siempre, sería el Reino de Dios, con los pobres en el centro repitiendo que ” los últimos serán los primeros”, desafiando el imperio neoliberal sin más armas que el amor y la justicia.
Jesús bajaría de la cruz a los crucificados por el sistema, vi viría al margen de la institución religiosa, probablemente excomulgado, satanizado, criminalizado por el corporativismo eclesiástico. Denunciaría sin miedo la hipocresía de los nuevos fariseos, y les echaría en cara su falsa superioridad moral.
Lo condenarian a muerte ” las personas de bien”,los guardianes de la moral, los defensores de las buenas costumbres y los dogmas inamovibles. Lo sentenciarían los piadosos, los integristas, los anticomunista, los observables, incluso algunos que se dicen ” provida “.
Ese Jesús Latinoamericano sería perseguido por los medios, escandalizarse en redes sociales, sería acusado por las élites de ser un agitador político. Y moriría en una calle del barrio, con un tiro en la cabeza, como tantos otros perseguidos por el poder armado, mientras le gritan “revoltoso, hereje, comunista”.
Y aún así, su nombre seguiría en boca de los pobres…porque nunca dejó de estar con ellos.
Por : Hna Andry OSC.



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