María Magdalena fue la primera en ver al resucitado. No fue Pedro, no Juan, no ningún varón discípulo, sino una mujer marcada por el estigma social, que había llorado al pie de la cruz cuando los demás habían huido. Su historia es el relato de una mujer que ama, busca y anuncia, y cuya fidelidad no se resquebraja ni ante la muerte. En ella se revela el rostro oculto de una comunidad que resiste desde los márgenes y que, sin embargo, es la primera en recibir la Buena Noticia.
Cuando Jesús la llama por su nombre, rompe el silencio de un mundo que había condenado su palabra al olvido. En ese instante, no sólo resucita el Maestro: también resucita ella. Le devuelve la voz. Le confía el anunció más grande de todos : ” Ve y di a mis hermanos…” .Le encarga hablar en un mundo dónde las mujeres no eran consideradas testigos válidas. No es casual: es revelación. Dios se manifiesta en lo que él mundo desprecia.

Pero su título de ” apóstala de los apóstoles ” no fue reconocido por siglos. Su figura fue desfigurada, mezclada con otras mujeres, reducida a estereotipos de penitente o pecadora. Esa tergiversación no fue un error inocente : fue una estrategia del poder religioso y patriarcal para silenciar la voz femenina en la iglesia.
La historia de María Magdalena es también la historia de tantas mujeres borradas del relato oficial, excluidas de la palabra autorizada , a pesar de ser portadoras vivas del Evangelio.
Ella representa hoy a todas aquellas que siguen proclamando la resurrección en medio de las tumbas del mundo: mujeres que luchan contra la violencia, que resisten el desprecio, que aman con una ternura feroz y que no abandonan ni siquiera cuándo todo parece perdido. Son mujeres que, como ella, han sido sanadas, han conocido la libertad y se convierten en anunciadoras de otra humanidad posible.
El Evangelio resucita verdaderamente cuándo la voz de las mujeres no sólo es escuchada sino reconocida como portadora de revelación. María Magdalena no es una excepción en el relato de la salvación: es su clave. La Iglesia sólo podrá ser plenamente fiel a Cristo cuando se atreva a mirar con los ojos de aquella que lo vio primero y que fue enviada a anunciar vida dónde reinaba la muerte.
Escrito por: Hna Andry OSC.



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