Basado en el artículo de opinión del P. Rodolfo Cardenal, S.J., Director del Centro Monseñor Romero de la UCA
Hay una fe que libera y hay una fe que oprime. El P. Rodolfo Cardenal, en su reciente artículo publicado por la UCA, nos alerta sobre una perversión peligrosa de la fe cristiana: el cristofascismo neoliberal.
Cardenal lo dice con claridad profética: “E inculcan el miedo, el odio, la violencia y la cultura de la prepotencia. La fe de los poderosos no es sincera, sino un recurso para endiosar, en palabras del papa Francisco, un orden económico injusto y al poder político que lo sustenta”.
No es una fe sincera. Es una fe de utilería. Una fe que se usa para bendecir lo que Dios condena: la injusticia.
El jesuita nos recuerda la historia: “Hace algunas décadas, una teóloga evangélica alemana acuñó el término cristofascismo para denunciar el apoyo del cristianismo al nazismo. Hoy, algunos representantes de confesiones cristianas diversas predican el cristofascismo neoliberal. Bendicen el poder de los multimillonarios. Un poder total y totalitario. De esa manera, han hecho de la fe cristiana una trinchera ideológica”.
Ayer bendijeron a Hitler. Hoy bendicen al mercado. Ayer pusieron la cruz al servicio de la cruz gamada. Hoy la ponen al servicio del dólar y del poder totalitario de los multimillonarios. Es la misma idolatría, con nuevo rostro.
Y Cardenal desnuda la mentira central de este sistema: “El neoliberalismo, que unos promueven y otros bendicen, anuncia liberaciones fáciles e inmediatas. En la práctica, engrosa fortunas que ya son enormes y concentra el poder real con la ayuda de una tecnología omnipresente, todopoderosa y destructiva”.
Prometen paraíso, pero entregan despojo. Prometen prosperidad, pero concentran la riqueza en manos de unos pocos. Y lo hacen con una tecnología que vigila, que deshumaniza, que destruye.
Lo más grave es su teología perversa: “El cristofascismo actual interpreta la concentración escandalosa de la riqueza como señal evidente de predilección divina, aun cuando es la raíz de la pobreza y la desigualdad, de las guerras y los desastres medioambientales”.
Para el cristofascismo neoliberal, si eres rico es porque Dios te ama. Si eres pobre, es porque Dios te castiga. Es la vieja teología de la prosperidad convertida en dogma del imperio. Olvidan que Jesús dijo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino de los Cielos”.
Frente a esto, el Papa León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas, que cita Cardenal, advierte que este afán de poder total y totalitario viene del “deseo de plenitud” de personas enloquecidas con “metas engañosas”. Y nos recuerda que la plenitud no se alcanza suprimiendo la fragilidad humana ni idolatrando una inteligencia artificial despiadada y deshumanizante.
El cristofascismo neoliberal es hoy el principal enemigo del Evangelio de Jesús. Porque mientras Jesús se hizo pobre con los pobres, ellos hacen de la riqueza un ídolo. Mientras Jesús expulsó a los mercaderes del templo, ellos los meten al altar. Mientras Jesús anunció Buena Nueva a los pobres, ellos anuncian que los pobres son desechables.
Monseñor Romero ya lo había denunciado: “Yo denuncio, sobre todo, la absolutización de la riqueza. Este es el gran mal de El Salvador”.
Hoy el mal se ha globalizado. Se viste de pastor, de político, de empresario exitoso que habla en nombre de Dios. Pero como dice Cardenal, su fe no es fe, es ideología. No es Evangelio, es prepotencia.
Necesitamos rescatar a Cristo de las garras del fascismo. Necesitamos una Iglesia que, como la de Romero, no bendiga al poder, sino que lo confronte con el Evangelio de los pobres.
Alberto Colorado



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