El teólogo jesuita Jon Sobrino, en su Cristología desde América Latina, escribió una frase que nos estremece y nos despierta: Jesús no pretende dejar al oprimido como está.Y es que no lo deja. No puede dejarlo. Porque si lo dejara como está, no sería el Jesús del Evangelio, sería un Jesús domesticado, de yeso, sin carne y sin pueblo.
El Jesús que nos presenta Sobrino no es el Jesús de los palacios, es el Jesús de los caminos. No es el Jesús que bendice la opresión, es el Jesús que la denuncia. No es el Jesús que consuela con palabras bonitas para que todo siga igual, es el Jesús que toma al oprimido de la mano y lo levanta, lo dignifica, lo libera.Jesús no vio a un leproso y le dijo “aguanta”. Lo tocó.
No vio a un ciego y le dijo “resígnate”. Le devolvió la vista.
No vio a una mujer adúltera a punto de ser lapidada y se puso del lado de los que tiraban piedras. Se puso del lado de ella.
¡Eso es liberación! No dejar al oprimido como está.
Si Jesús pasara hoy por San Francisco Angulo, por Guazapa, por el Bajo Lempa, ¿qué haría? ¿Le diría a la comunidad que acepten el basurero sobre la memoria de los mártires? ¿Les diría a los pobres que se callen? ¡No!
Jesús se pondría del lado de la comunidad. Como lo hizo Monseñor Romero. Como lo hicieron los mártires. Porque el Dios de Jesús es el Dios que escucha el clamor de su pueblo en Egipto y baja a liberarlo.Dejar al oprimido como está es la teología del imperio. La que dice: “Dios así lo quiso”, “ofrece tu dolor”, “ya tendrás tu recompensa en el cielo”. Pero la Teología de la Liberación nos recuerda que el cielo empieza aquí, cuando el pobre se pone de pie, cuando la comunidad defiende el agua, cuando el pueblo reclama su dignidad.Jon Sobrino nos enseña que seguir a Jesús no es solo rezar. Es continuar su práctica. Su praxis de liberación. Jesús no se quedó en el templo discutiendo leyes.
Se fue a la Galilea de los pobres, de los marginados, de los que nadie quería.Por eso Jesús molesta. Porque no deja las cosas como están. Las transforma. Las subvierte con amor.Y hoy nos pregunta a nosotros, Iglesia, comunidades, cristianos y cristianas: ¿Vamos a dejar al oprimido como está? ¿O vamos a ser, como Jesús, los que incomodan al poder para liberar al pueblo?No hay neutralidad posible. O dejamos al oprimido como está y nos hacemos cómplices. O lo levantamos y nos hacemos discípulos.
Jesús no pretende dejar al oprimido como está. Y nosotros tampoco.
Periódico Ecuménico sentirconelpueblo.com



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