La falsa idea de que la Teología de la Liberación invita a la violencia
Una lectura distorsionada de la opción por los pobres.
Hace apenas unos días, con la publicación de la Exhortación Apostólica Dilexi Te del papa León XIV, se ha reavivado un viejo debate que parecía superado: la relación entre la Teología de la Liberación y la fidelidad al Evangelio. Sorprende constatar que aún muchos sacerdotes (particularmente algunos “influencers” religiosos con fuerte presencia en redes sociales) insisten en presentar la Teología de la Liberación como una corriente ideológica inspirada en el marxismo, promotora de la lucha armada o del resentimiento social.
Entre ellos, destacan voces muy populares como la del dominico Fray Nelson Medina, y otros presbíteros como los Franciscanos de María (cuyo vídeo en Youtube le nombraron “Con los pobres sin violencia”), que, desde una lectura sesgada, han pretendido reducir la reciente exhortación pontificia a una simple invitación a vivir las obras de misericordia o a fortalecer la doctrina social de la Iglesia. Pero Dilexi Te no se limita a repetir conceptos ya conocidos: el Papa habla del amor a los pobres como el corazón mismo del Evangelio, como el lugar donde se revela la verdadera identidad de Dios. Esa afirmación va mucho más allá de la doctrina social: se trata de una visión teológica radicalmente cristocéntrica, encarnada y liberadora.
La reacción adversa de ciertos sectores eclesiásticos muestra, más que una postura doctrinal sólida, un profundo desconocimiento del pensamiento de Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de la Teología de la Liberación. En ningún momento (ni en su tesis doctoral ni en sus principales obras, como Teología de la liberación: Perspectivas) Gutiérrez plantea una apología de la violencia. Muy por el contrario, su preocupación nace de una pregunta hondamente evangélica: “¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama, si su vida es un infierno de injusticia y marginación?”
De esa pregunta no brota un llamado a las armas, sino una urgencia pastoral y teológica: anunciar un Dios que se encarna en la historia, que toma partido por los pobres, que no es indiferente ante el sufrimiento humano.
La Teología de la Liberación no se limita a una visión política: su raíz es profundamente espiritual, bíblica y comunitaria. Busca hacer vida el Evangelio desde el clamor de los oprimidos, iluminando la realidad con la fe y no sustituyéndola por ideología alguna. Gutiérrez no propone una fe militante al margen de la Iglesia, sino una Iglesia encarnada en la historia concreta de los pueblos, una Iglesia que escuche, acompañe y se deje interpelar por los crucificados de hoy.
Confundir esa opción por los pobres con una ideología marxista no solo es un error histórico, sino una injusticia teológica. La Teología de la Liberación no toma del marxismo su filosofía, sino un método de análisis de la realidad, subordinado siempre a la fe. Como dijo Gutiérrez: “El punto de partida no es la teoría, sino la praxis del amor cristiano en medio del dolor de los pueblos.”
Por eso resulta lamentable que, en pleno siglo XXI, todavía haya sacerdotes que reaccionen con miedo o desprecio ante cualquier mención de la palabra “liberación”. Tal vez porque hablar de liberación implica revisar estructuras injustas, cuestionar privilegios y asumir una Iglesia que no solo consuela, sino que también denuncia.
Todo lo que dice Dilexi Te ya lo dijo la Teología de la Liberación hace décadas. El problema es que muchos no leen, no se informan y continúan atrapados en la mentalidad de que los únicos capaces de interpretar y explicar la realidad de la sociedad y de la Iglesia son los miembros de la jerarquía mientras el resto se queda pasivo. Como si el Espíritu Santo soplara solo para los “de arriba”, cuando en realidad sopla (con más fuerza aún) desde abajo, desde el clamor del pueblo, desde la historia herida donde Dios sigue pronunciando su Palabra de vida.
Hna Adry OSC



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