Reflexión | El evangelio de los trabajadores en América Latina
El evangelio, leído desde los trabajadores de América Latina, no es neutral. Toma partido. Jesús no habló desde el templo del poder, habló desde el polvo del camino. Trabajó con sus manos. Conoció el cansancio, el salario injusto, la humillación. Por eso su palabra sigue siendo incómoda.
En nuestra tierra, el trabajador carga sobre sus hombros un sistema que lo exprime y luego lo descarta. Jornadas largas, sueldos miserables, informalidad, migración forzada, sindicatos perseguidos. Frente a eso, el evangelio no ofrece consuelo barato. Ofrece dignidad y denuncia. “El obrero merece su salario” no es poesía: es juicio contra toda economía que roba tiempo, salud y vida.
Jesús se sienta a la mesa con los pobres porque ahí está Dios. No bendice la acumulación, bendice el pan compartido. No aplaude al patrón piadoso que explota, sino al trabajador que resiste y se organiza. El Reino no cae del cielo: se construye cuando el último es puesto en el centro.
En América Latina, creer el evangelio es escuchar el clamor del trabajador rural, del minero, de la empleada doméstica, del obrero urbano, del vendedor informal. Es entender que la fe que no toca el salario, la tierra, el descanso y la justicia, es una fe domesticada.
El evangelio de los trabajadores es claro: Dios no está del lado del mercado, está del lado de la vida. Y la vida del trabajador vale más que cualquier ganancia. Quien lo niegue, no ha entendido a Jesús.
Escrito por: JPALESTIN LIBRE



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