JESÚS ES EL REY….
Jesús, ¿el rey? El titulo “rey” que damos a Jesús reconociéndolo “Señor” es justo (“Justo y necesario”, como proclamamos en la liturgia eucarística), pero también insuficiente y, quizá, ambiguo. Porque al querer honrarlo usamos categorías y lenguajes siempre limitados, siempre parciales, proclives a reducir su auténtica grandeza. Porque Cristo es rey, sí (“Por Él fueron creadas todas las cosas…Todo fue creado por Él y para Él”. Col 1, 15-20), pero no a la manera ni con los objetivos de la monarquía terrenal; Él no reclama homenaje ni parafernalias reales, no busca sumisión, no avala ningún proyecto ideológico-político (aunque lo tenga a Él mismo como bandera).
Jesús, el Señor, reina como gran motor y fin de nuestras vidas y del cosmos. Su reinado es absoluto y humilde, presente en todo y discreto como la brisa. Su trono fue la cruz y su corona una de espinas; su esplendor es el de la Resurrección, no el de la púrpura imperial.
Este rey llegará en unas semanas como verdaderamente desea: en el amor y la simplicidad de un recién nacido, como príncipe de paz y Dios de todos.



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